¿Qué dice san Francisco hoy en un contexto tan complejo? El santo de Asís deja lecciones urgentes sobre la fraternidad para mirar al otro no como rival sino como hermano con el que se comparte el camino.
Thank you for reading this post, don’t forget to subscribe!Hoy se cumplen nada menos que 800 años de la muerte de san Francisco de Asís, uno de los santos más populares y queridos de la Iglesia católica. En este 2026, cuando el mundo parece atrapado en una trampa de profunda polarización política y una desigualdad económica que a veces quita el aliento, la figura de este italiano universal se levanta como un faro. Su vida propone otra manera de estar en el mundo, una que prioriza las relaciones humanas y la comunidad por encima del beneficio individual y el ansia de poder.
No es gratuito que su mensaje siga calando hondo en creyentes y no creyentes. Esta es una época donde el éxito se mide por el tamaño de la cuenta bancaria o por el número de seguidores en redes sociales, y donde el individualismo parece ser la norma de supervivencia. En ese escenario, Francisco de Asís hace una invitación a bajarse de la nube del egoísmo. Es un llamado a entender que el verdadero progreso no consiste en acumular cosas, sino en tejer lazos solidarios con los demás.
Se puede afirmar, sin temor a equivocarse, que la vida de Francisco de Asís, y también su legado después de la muerte, está marcada por las paradojas más fascinantes de la historia espiritual. Es casi una broma de la historia: el hombre que abrazó la pobreza absoluta de manera radical y descalza, hoy yace sepultado en una imponente basílica decorada con los frescos de los más reconocidos artistas medievales en su Asís natal, en el centro de Italia. El santo que huía de las riquezas y de los palacios terminó inspirando una de las joyas arquitectónicas y artísticas más fastuosas del catolicismo.
Pero las contradicciones no se quedan solo en los muros de piedra y el arte renacentista o medieval. Francisco defendió la humildad a capa y espada, buscando siempre el último lugar y el anonimato entre los más desfavorecidos de su tiempo. Sin embargo, la devoción que despierta es tan masiva que cientos de miles de personas veneraron sus restos cuando fueron expuestos al público a comienzos de este año, como antesala para conmemorar los ocho siglos de su partida, ocurrida el 3 de octubre de 1226. La paradoja es total si se piensa en ese humilde fraile convertido en un imán de multitudes y en el centro de un espectáculo de veneración global.
A pesar de estas aparentes contradicciones, el núcleo de su revolución sigue intacto y es más necesario que nunca. Despojarse de las riquezas materiales en pleno siglo XXI puede sonar como una utopía inalcanzable o una locura de otra época. Sin embargo, la verdadera riqueza que predicaba el santo de Asís no era la miseria material por la miseria misma, sino la libertad que da el no estar esclavizado por las cosas materiales.
¿Qué dice san Francisco hoy en un contexto tan complejo? Esta es la pregunta del millón en una sociedad que corre a mil por hora y donde el santo de Asís deja lecciones urgentes sobre la fraternidad radical para mirar al otro no como un rival o un enemigo político sino como un hermano con el que se comparte el camino, al tiempo que sacude la conciencia de las personas con su sensibilidad ecológica. Francisco invita al cuidado de la casa común mediante un amor profundo por la naturaleza que no nació en las cumbres del clima de la ONU sino en su propia alma, y finalmente propone un desprendimiento real que implica la capacidad de soltar privilegios para poder construir puentes de diálogo y reconciliación en comunidades rotas.
EL COLOMBIANO siempre ha insistido en que las crisis sociales se superan con empatía y con un sentido profundo de pertenencia común. El legado de san Francisco recuerda que la salida a la polarización no es ganar la discusión a gritos, sino sentarse a la mesa con el diferente. Su propuesta es la de una economía que ponga en el centro a las personas y no al frío beneficio financiero que termina excluyendo a las mayorías.
Al final del día, las basílicas imponentes y las multitudes que peregrinan a ver sus reliquias son solo el envoltorio de un regalo mucho más valioso. Lo que de verdad importa de estos 800 años no es la espectacularidad del homenaje, sino la vigencia de un testimonio que sacude la comodidad de cada uno. Francisco de Asís demostró que otra forma de habitar este planeta es perfectamente posible, una donde la felicidad no se compra en un centro comercial, sino que se encuentra en el servicio al prójimo y en la paz del espíritu.
El Colombiano
