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Las 10 razones por las que ganó Abelardo de la Espriella

La figura de outsider, el uso de símbolos patrios y oponerse al gobierno de Gustavo Petro, entre otros elementos, se combinaron para vencer a la maquinaria del establecimiento.

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Por: redacción El Colombiano y elchiq.comhttps://www.google.com/search?q=elchiq&oq=elch&gs_l

Mientras Abelardo de la Espriella logró casi 2,6 millones de votos más que en la primera vuelta (12’956.941), Iván Cepeda obtuvo 3 millones más (12’707.117).

Eso significa que si bien ambos aumentaron, le rindió más a Cepeda. Curiosamente se trató de la participación más alta de la historia (63,3%), una cifra que nunca había llegado siquiera al 60%. Es decir, votaron más de 26 millones de los 41 millones habilitados para sufragar.

El triunfo de Abelardo de la Espriella fue el resultado de una arquitectura de campaña construida con método, dinero, simbolismo y una relación con la verdad bastante más laxa de lo que el debate público quiso admitir. Estas son las claves de cómo se armó esa victoria.

1). Entendió mejor que nadie el malestar contra Petro

De los más de 100 aspirantes que arrancaron el ciclo —70 por firmas y 30 buscando avales—, De la Espriella fue quien mejor interpretó el malestar de un sector mayoritario del país frente al gobierno de Gustavo Petro.

Conectó con emociones poderosas que atraviesan hoy a una parte importante del país: cansancio, frustración, miedo a la inseguridad y deseo de un cambio de rumbo.

Muchos de los electores, más que respaldar al hoy presidente electo, aplicaron el voto castigo contra Gustavo Petro.

Arrancó sin estructura propia, lanzó Defensores de la Patria en julio de 2025 y formalizó su candidatura con 4,8 millones de firmas.

Ese ascenso desplazó a Vicky Dávila y a toda la Gran Consulta por Colombia —la coalición de marzo que reunió a Dávila, Valencia, Peñalosa, Luna, Cárdenas, Galán, Gaviria, Pinzón y Oviedo—.

La apuesta de ir directo a primera vuelta, sin pasar por la consulta, resultó ser la jugada decisiva. Mientras la coalición se fragmentaba entre nueve, él concentró en solitario el voto de oposición. El resultado de la primera vuelta lo confirmó: 10,3 millones de votos frente a apenas 1,6 millones de Valencia. Se convirtió en el abanderado único y de facto del rechazo a cuatro años del Gobierno Petro.

2). Se ganó el puesto de outsider

En el mundo está demostrado que quien aparece distanciado de los partidos y crítico del gobierno de turno, ya tiene un espacio ganado. Ha pasado así en El Salvador con Bukele, en EE.UU. con Trump y en Argentina con Milei. Ese espacio lo quiso conquistar Santiago Botero con su propuesta de “dar balín”, pero resultó demasiado estridente para ser viable.

De la Espriella sí lo logró, con una combinación poco común: era un personaje reconocido, por sus actuaciones como litigante, pero no tenía el desgaste de haber gobernado.

A pesar de ser un reconocido abogado –tuvo defensas polémicas como las de Álex Saab y David Murcia, pero también otras aplaudidas como las de las víctimas de violencia de género– decidió dejar ese oficio y construyó un personaje de cantante, escritor y dandi cosmopolita que convirtió en sello de autenticidad.

Se describió como “el Uribe costeño”, apropiándose del legado uribista sin deberle el aval a nadie y presentó una candidatura de derecha enfrentada a las élites políticas tradicionales, los partidos y el establecimiento bogotano.

Encontró en la figura de “el tigre” un mensaje simple y eficaz. Y mientras otros candidatos hablan de reformas complejas, él resume su oferta en orden, seguridad, cárceles, reducción del Estado y castigo a los criminales. Mientras otros maniobraban con cautela, él se fue de frente contra “la política de siempre”. El mismo guion de Bukele, Trump y Milei.

3). La seguridad volvió a ser la preocupación

Las elecciones suelen girar alrededor de la angustia de una sociedad. En 2022 fue el cambio. En 2026 es la seguridad. Las cifras no dejan margen: un estudio con datos del Ministerio de Defensa muestra que el Índice Compuesto de Presión Delictiva —que mide diez variables, desde homicidio hasta extorsión— llegó a 61,9 en el tercer año del gobierno Petro, el nivel más alto registrado en los últimos cinco gobiernos, frente a cifras muy inferiores en las administraciones de Duque, Santos y Uribe.

Los actos terroristas crecieron 42% frente al último año de Duque; el primer trimestre de 2026 fue el más violento en masacres en una década, pero sobre todo el efecto de la fallida “paz total” de Petro que ha empoderado y aumentado los grupos criminales.

Detrás de esa crisis hay un dato que lo resume casi todo: por primera vez, la cocaína le deja más dólares a Colombia que el petróleo. Esa droga genera alrededor de US$16.500 millones para las organizaciones criminales en 2024, cerca del 4,4% del PIB, mientras que las exportaciones petroleras generaron US$15.000 millones ese mismo año. Ya la ONU había dicho que Colombia había roto récord en cultivos y producción de cocaína durante el gobierno Petro.

El narcotráfico es, de facto, la principal industria de exportación, y el motor financiero de los grupos armados que hoy controlan territorios, desplazan comunidades y desbordan la capacidad del Estado.

4). Explotó los símbolos patrios

Su movimiento utilizó la bandera de Colombia, el saludo característico de las Fuerzas Militares, en toda su identidad visual, además de expresiones como “Firmes por la Patria” y “Defensores de la Patria”.

Esa apropiación de lo patrio no estuvo libre de controversia. El 9 de junio el Tribunal de Bogotá le ordenó retirar en 24 horas la propaganda con símbolos patrios. De la Espriella respondió convirtiendo la censura judicial en combustible de campaña: instó a sus seguidores a posicionar en redes las imágenes y frases insignia de su proyecto político: “Cada celular, cada camiseta de la Selección que usen, cada video que suban diciendo ‘firmes por la patria’ es un grito de libertad”.

La Corte Suprema revocó la medida. Y el resultado neto fue una victoria doble: jurídica y narrativa. El episodio judicial, lejos de debilitarlo, terminó reforzando el relato que necesitaba en la última semana antes de elecciones: el de un outsider perseguido por las instituciones por amar demasiado a su país, exactamente el tipo de épica que catapulta a outsiders como Bukele o Milei.

5). Se tomó la camiseta de la Selección

Incluso usó la camiseta y otros símbolos de la Selección Colombia como elementos de campaña y el calendario jugó a su favor de una manera casi providencial.

Antes de la primera vuelta del 31 de mayo, De la Espriella pidió a sus votantes que acudieran a las urnas con la camiseta puesta. Iván Cepeda cuestionó el uso de la camiseta “para fines electorales” y pidió a la Federación Colombiana de Fútbol fijar una posición.

El 4 de junio, una jueza falló en contra de De la Espriella y le prohibió usarla. La campaña respondió que la camiseta “no se censura” y publicó en X “¡Tarjeta roja al autoritarismo!”.

El timing no pudo ser mejor para su relato. El 17 de junio, cuatro días antes de la segunda vuelta, Colombia goleó 3-1 a Uzbekistán en su debut mundialista.

El país entero, literalmente, se vistió de amarillo en la semana decisiva de la campaña y De la Espriella capturó parte de ese estallido de orgullo nacional colectivo en el momento de mayor efervescencia posible: justo antes de votar.

6). Siguió el libreto al pie de la letra

Lo más llamativo no fue la aparición de De la Espriella sino la velocidad de su crecimiento. Durante buena parte de 2025 la discusión estuvo concentrada en nombres como Iván Cepeda, Paloma Valencia, Sergio Fajardo o Roy Barreras.

De la Espriella era visto como un outsider mediático. En apenas unos meses pasó de ser una candidatura considerada improbable a disputar el liderazgo de la derecha y luego encabezar la primera vuelta.

Su verdadero despegue ocurrió en redes sociales antes que en las encuestas. Replicó el manual de Trump, Bukele y Milei: confrontación con la prensa (“a esos no les va a ir bien en mi gobierno”, dijo de los periodistas que tachaba de activistas), entrevistas en pódcasts y canales propios de YouTube apalancadas en redes de influencers, y la apelación constante a una base que “lo sigue” —“la manada”— como fuente de legitimidad.

7). Utilizó el “micro targeting” de precisión y videos de IA

La campaña segmentó audiencias por región, edad y sensibilidad ideológica para enviar mensajes dirigidos, ya fuera para consolidar la lealtad o para desacreditar a contendores.

Les habló de forma distinta a cada audiencia segmentada: al uribismo con el símbolo del tigre, a los jóvenes con música e identidad de tribu, a los empresarios con el discurso del orden, a los costeños con el código cultural propio.

No fue un mensaje único repetido en todos los canales, sino decenas de mensajes calibrados para audiencias específicas. La Silla Vacía documentó una red de 1.894 cuentas con comportamiento coordinado en su apoyo. Apelaron al uso intensivo de la IA para crear mensajes. La pieza más sofisticada fue un video que caricaturizaba a Álvaro Uribe y Paloma Valencia como “los de siempre” frente a él como “el héroe disruptivo”, difundidos desde cuentas afines para diluir la atribución de responsabilidad.

8). El aporte de su fórmula José Manuel Restrepo

Escoger a José Manuel Restrepo no aportó votos por sí mismo —las vicepresidencias rara vez lo hacen—, pero resolvió dudas. Mientras Abelardo encarnaba la ruptura y la indignación antisistema, Restrepo aportó la seriedad técnica y la experiencia de gobierno que tranquilizó al electorado de centro y al empresarial.

Restrepo es economista de la Universidad del Rosario —de la que también fue rector—, con maestría en la London School of Economics y doctorado en la Universidad de Bath; fue ministro de Comercio y luego de Hacienda durante el gobierno de Iván Duque, y ha sido rector de cuatro de las universidades de mayor prestigio del país.

Restrepo, además, le dio densidad programática a la campaña con su hoja de ruta “Arca de Noé” —reestructuración del Estado, prioridades en energía, salud y fiscalidad, y una batería de decretos listos para firmar desde el 7 de agosto– y reforzó el eje de seguridad con propuestas de cooperación internacional: planteó recuperar el respaldo estratégico de Estados Unidos, Israel y el Reino Unido en tecnología, inteligencia e intercambio de capacidades para enfrentar a los grupos armados, descartando la instalación de bases militares extranjeras.

La fórmula permitió hablar dos idiomas distintos al mismo tiempo: la épica antisistema y la furia antipetrista de un lado, y la tranquilidad técnica del otro, justo para el votante que quería castigar al gobierno sin sentir que saltaba al vacío.

9). El golpe de astucia en el Caribe

Su origen costeño le dio conocimiento directo de una región donde tradicionalmente se compra el voto con impunidad. En lugar de acudir a la justicia colombiana que él mismo describía como inoperante, amenazó con la diplomacia punitiva de EE. UU.: difundió una lista de 29 políticos del Caribe señalados de comprar votos y pidió al subsecretario de Estado Christopher Landau —“el Quitavisas”— retirarles la visa.

Washington respondió de inmediato con advertencias de sanciones migratorias, una amenaza mucho más disuasiva que cualquier denuncia penal sin consecuencias.

Si bien Abelardo perdió en todos los departamentos de la Costa con Cepeda, lo cierto es que evitó que en esa región del país este último lograra la remontada, como había ocurrido con Santos II y con Gustavo Petro.

10). El lastre de Petro pesó más que su apoyo

Tras la derrota en primera vuelta, Petro no se quedó al margen. El Pacto Histórico llamó a renunciar a sus cargos a funcionarios de alto perfil para sumarse a la “remontada”. Una investigación de La Silla Vacía reveló que al menos 900 contratistas y 150 funcionarios públicos de todo el país aparecían inscritos como voluntarios activos de Cepeda, en entidades como la ANT, la Unidad de Restitución de Tierras y la Agencia de Desarrollo Rural.

La maquinaria llegó hasta el gabinete: la Procuraduría recibió 556 quejas por presunta participación indebida en política y tenía bajo la lupa a al menos seis ministros, entre ellos los de Interior, Salud, Trabajo y Transporte.

A pesar de ese despliegue sin precedentes —un presidente en funciones convertido en jefe de campaña de facto, ministros investigados, funcionarios renunciando para sumarse y entidades enteras movilizadas— la conclusión es elocuente: ni todo el aparato del Estado volcado a su favor logró que Cepeda superara el lastre de cuatro años de Gobierno Petro.

El desgaste pesó más que cualquier maquinaria que el poder pudiera ofrecerle.

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